infiernillo

La dama del infiernillo

Por los caminos del faldeo del Morro, yendo hacia los balnearios de la costa, allá por el año cuarenta y siete mas o menos; la mayoría de los ariqueños hacíamos el trayecto a pie porque no habían micros todavía que hicieran este recorrido. Mucho después, lo hizo una sola, y con el tiempo se sumaron otras más. 

            Las familias iban con sus hijos disfrutando del paisaje costero perfumado de briza marina.  El camino era muy angosto, bien apegado al cerro, de manera que debíamos caminar cerca de la orilla, y al reventar las olas recibíamos una deliciosa llovizna que nos iba refrescando del intenso sol que nos abrazaba en esos ardientes veranos de Arica de ayer.  Mucho mas allá de la ex isla el “Alacrán” se llegaba a un sector llamado el “Infiernillo” donde el roquerío había formado un socavón  no muy profundo.

 

            El fondo era como un pasadizo que por las distintas curvas de las rocas se arremolinaba el agua del mar con tal fuerza, como una especie de chimenea que al acumularse el aire subía hasta la superficie cilíndrica, salpicando su entorno. Había allí, deteriorados banquillos de piedra y unas vigésimas sombras con sus techos cubiertos con ramas de palmeras donde los veraneantes después de un lago caminar, se sentaban a descansar.

            Se cuenta que una dama ariqueña afrodescendiente, de cuerpo sensual, armonioso, alta y de hermoso cabello negro, acostumbraba a sentarse en los bancos de piedra del lugar,mientras el aire danzaba en el atardecer estival; a enamorar con su suboficial de carabineros a quién amaba apasionadamente.

            En una de esas tantas citas de amor ardiente y tempestuoso que los mantenía unidos por muchísimo tiempo. Ella, de súbito, irrumpiendo el ambiente de romanticismo que los rodeaba y en un arrebato de celos, increpó a su amante al enterarse que este la engañaba con otra mujer.

             Aunque era casada se había aferrado sin límites, al amor que la enloquecía. Riñeron un buen rato. Ella reclamaba fuera de si y lo golpeaba con las manos. El negaba rotundamente su infidelidad, porque también la amaba, y no quería perder esta fogosa relación. Ella  histérica, insistía, en que no lo perdonaría, amenazando con vengarse.    Él se sintió tan impresionado que llego al límite, de su conciencia, perdió el control y tomándola del brazo, la tironeo hasta la boca del infiernillo. Ella forcejeaba y se resistía, dando fuertes gritos que pedían ayuda; y en su desesperación se aferraba fuertemente a las rocas donde quedaron las huellas ensangrentadas de sus manos. El amante enardecido; cegado por la ira, la lanzo al fondo. Días después, apareció el cuerpo de la mujer flotando en el mar. 

 

            Se cuenta que, a los pescadores de aquel tiempo cuando pasaban con sus lanchas por el lugar; se les aparecía la “Dama del infiernillo”, gritando auxilio.

Johnny Flores

  • Webmaster: Johnny Flores